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Problemas emocionales, problemas de conducta y estrés infantil en víctimas y agresores de bullying y cyberbullying

08/10/2019     Fuente: www.infocop.es

El bullying y cyberbullying tienen efectos muy negativos, especialmente para las víctimas, pero también para los agresores. Trabajos previos han señalado las conexiones del bullying/cyberbullying con problemas de salud mental. Sin embargo, la mayoría de los estudios han centrado sus análisis en la adolescencia (ver revisión Garaigordobil, 2018). Por ello, explorar las conexiones entre bullying/cyberbullying y psicopatología infantil a edades más tempranas, puede ser útil para diseñar programas que ayuden a prevenir la victimización y la perpetración en la infancia. El trabajo realizado llena un vacío al analizar el estrés infantil y diez problemas emocionales y de conducta en víctimas y agresores del bullying y cyberbullying, en una etapa educativa (5º y 6º curso de Educación Primaria) que a menudo pasa desapercibida.


Concretamente, la investigación llevada a cabo tuvo como objetivo analizar las conexiones que existen entre victimización y perpetración de bullying y cyberbullying con estrés infantil autopercibido y con problemas emocionales y de conducta (PEC) evaluados por los padres. Participaron 1.993 estudiantes, de 9 a 13 años, del País Vasco (49,8% niñas). Los resultados mostraron que:

Víctimas, cibervíctimas, agresores y ciberagresores tenían alto nivel de estrés y muchos PEC.
Víctimas, cibervíctimas y agresores tenían alto nivel de estrés general (más estresados en general ante acontecimientos cotidianos) y en sus subdimensiones, problemas de salud/psicosomáticos (sufren con mayor facilidad problemas de salud como dolores de cabeza…), estrés escolar (problemas en el ámbito académico), y estrés familiar (perciben conflictos en su entorno familiar); los ciberagresores únicamente tenían alto estrés escolar.
Víctimas y cibervíctimas mostraban PEC internalizantes y externalizantes (tenían síntomas de retraimiento, somatización, ansiedad, problemas de pensamiento, atención-hiperactividad, conducta perturbadora, problemas académicos, depresión…). Mientras quelos agresores y ciberagresores manifestaban más problemas externalizantes pero menos internalizantes (no tenían problemas de retraimiento, ni somatización, pero tenían síntomas de ansiedad, problemas de pensamiento, atención-hiperactividad, conducta perturbadora, problemas académicos, conducta violenta…).
Víctimas, cibervíctimas, agresores y ciberagresores habían acudido significativamente más al psicólogo en el último año por diversos problemas (depresión, conducta violenta, problemas académicos, familiares, alimenticios…), comparados con los que no estaban implicados en situaciones de bullying ni cyberbullying.

Este trabajo añade evidencias de las conexiones entre bullying/cyberbullying y psicopatología infantil, ratificando los estudios que han encontrado que el daño emocional del bullying presencial y tecnológico es muy significativo para todos los implicados. Comparando con estudios previos, este trabajo evidencia que: (1) los agresores tienen más nivel de estrés y más PEC que los ciberagresores (más estrés familiar, psicosomático y más depresión); y (2) las víctimas y cibervíctimas sufren más estrés y PEC internalizantes y externalizantes que los agresores y ciberagresores.

Estos resultados confirman la necesidad de frenar el bullying/cyberbullying desde edades tempranas, lo que tendrá un efecto de prevención del estrés y de los PEC durante la infancia, es decir, de la psicopatología infantil. Es esperable que la reducción del bullying/cyberbullying tenga un efecto preventivo, ya que también otros estudios han mostrado que la victimización por parte de los iguales en la infancia media puede servir como un marcador de trastornos de internalización en etapas posteriores del desarrollo. Otros trabajos confirman que los agresores de bullying cara-a-cara tienen muchas conductas perturbadoras y violentas, y que ser agresor se relaciona con posteriores conductas asociadas a la delincuencia, violencia de género, ingesta de alcohol y drogas... lo que conduce con frecuencia a problemas con la justicia. Por consiguiente, los resultados evidencian la necesidad de intervenir para frenar la victimización y la perpetración del bullying desde edades tempranas, lo que reducirá problemas durante la adolescencia, la juventud e incluso en la vida adulta.

El bullying/cyberbullying es una conducta cruel, que genera gran sufrimiento a la víctima y que tiene graves consecuencias para todos los implicados. Además, no hay que olvidar que es uno de los principales motivos de suicidio infanto-juvenil. Constituye un relevante problema que ha experimentado un crecimiento en los últimos años. Su considerable prevalencia, también en edades tempranas (Machimbarrena y Garaigordobil, 2018), y sus graves consecuencias permiten considerarlo un problema de salud pública.

El estudio tiene implicaciones prácticas para contextos educativos, y permite enfatizar la importancia de implementar programas de prevención antibullying adaptados a estas edades y basados en la evidencia para evitar que estas situaciones se produzcan, programas similares a los planteados con adolescentes (Garaigordobil y Martínez-Valderrey, 2014, 2016).

La escuela es un contexto relevante para detectar, prevenir e intervenir en la violencia entre iguales. Las intervenciones en ámbitos educativos mediante la aplicación de programas se han demostrado eficaces. En general los programas que fomentan el desarrollo de competencias sociales y emocionales (comunicación, cooperación, empatía, resolución de conflictos, gestión de emociones negativas...) inhiben las conductas violentas. También los programas antibullying, que confrontan a los estudiantes directamente con el bullying/cyberbullying son eficaces para prevenir y reducir estas conductas. Y cuando la victimización se ha producido es fundamental la activación del protocolo antibullying con la implicación completa de toda la comunidad educativa. Sin embargo, el último informe de Amnistía Internacional (2019) sobre el acoso en España, concluye que los casos no son tratados rigurosamente en algunos centros, que las víctimas siguen siendo ignoradas y se minimizan las situaciones por las que pasan.

No obstante, para eliminar la violencia, la educación familiar desempeña un papel primordial, ya que los padres que son modelos de empatía y conducta prosocial, que refuerzan estas conductas en sus hijos, tienen con mayor probabilidad hijos menos violentos. Los valores ético-morales que los padres manifiestan y fomentan en sus hijos tienen un papel muy relevante en las conductas de éstos. Por consiguiente, la colaboración entre la escuela y la familia es fundamental para la erradicación del bullying/cyberbullying.



Descargar documento IPSE de interés:

www.ipse-psicologia.com/doc/PAE.pdf

Ver noticia completa referenciada:

="http://www.infocop.es/view_article.asp?id=8381


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