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La ciberconducta y la Psicología Educativa: retos y riesgos

29/07/2016     Fuente: www.infocop.es


El cyberbullying es un fenómeno complejo, difícil de definir y comprender y a su vez, con graves implicaciones sociales y personales. Dada su complejidad y la rápida evolución de las tecnologías de información y comunicación, existe la necesidad de avanzar y profundizar en su estudio. Para promover el avance de este campo y la transferencia de conocimiento a la práctica profesional, se ha realizado, por las autoras, junto a un trabajo de revisión de la investigación en España, un monográfico que recoge importantes contribuciones europeas sobre el tema y que ha sido recientemente publicado por la revista Psicología Educativa (Ortega-Ruiz y Zych, 2016).

El bullying es un fenómeno ampliamente estudiado a nivel internacional y también a nivel nacional, lo que ha permitido que el sistema educativo incorpore el conocimiento que la Psicología Educativa tiene sobre este problema, con el beneficio que ello puede estar teniendo para la calidad de la educación escolar y familiar. Tanto la investigación como los agentes prácticos de la Psicología de la Educación han sido, hasta el momento, los profesionales que más han contribuido al desarrollo de este campo de la ciencia psicológica.


A pesar de que esta línea de investigación surgió hace sólo unas décadas (Zych, Ortega-Ruiz, & Del Rey, 2015), desde el comienzo el interés sobre la misma siempre ha estado vinculado a la práctica psicoeducativa para intentar prevenir o paliar sus efectos. El gran interés por parte de la comunidad científica sobre estos problemas se debe a que la lectura que los investigadores realizan sobre él incluye el análisis de sus graves implicaciones sociales y personales, incluyendo serias consecuencias a largo plazo halladas en estudios longitudinales (Ttofi & Farrington, 2012).

Pero gran parte de los problemas de acoso escolar se han convertido en ciberacoso. Para diferenciar el cyberbullying de otro tipo de agresión, se ha resaltado la importancia de los criterios de repetición y/o permanencia en la red, daño, intencionalidad y desequilibrio de poder (Smith et al., 2008). El hecho incontestable es que el ciberacoso comienza y se mantiene en redes sociales que surgen de contactos personales generados en el escenario de la vida social directa de los escolares, que es trasladada de forma sencilla y rápida a una vida social cibernética utilizando los rápidos y eficaces dispositivos digitales. Evidentemente, la estructura social de participación en redes virtuales no es una copia de la red social más o menos informal que cada uno tiene en su vida de convivencia, pero existen un entrecruzamiento o solapamiento de las redes sociales directas y virtuales que nos permite afirmar que la dimensión de la ciberconducta es ya una parte más de la vida relacional de todos nosotros y, muy especialmente, de los niños, niñas y adolescentes.

Quizás por la gran alarma social que genera el fenómeno de ciberacoso, la mayoría de los trabajos científicos sobre las relaciones interpersonales que establecen y mantienen los escolares en el ciberespacio se ha centrado en sus aspectos negativos. No obstante, cabe señalar que los entornos virtuales también pueden ser espacios idóneos para fortalecer la amistad; es lo que hemos llamado la ciberconvivencia (Ortega-Ruiz, 2015). Para que la ciberconvivencia sea posible, es necesario educar al alumnado de todos los niveles escolares en el uso seguro de las tecnologías de información y comunicación, sobre todo, en los principios morales y éticos en contra de la violencia interpersonal A partir de estos planteamientos se ha realizado un monográfico (Ortega-Ruiz & Zych, 2016) que incluye, junto a un artículo de nuestra autoría que muestra resultados de una revisión sistemática de los trabajos sobre el cyberbullying en España (Zych, Ortega-Ruiz, & Marín-López, 2016), una selección de trabajos que reflejan el estado de la cuestión a nivel internacional. Baldry, Farrington y Sorrentino (2016) describen la prevalencia y las diferencias de género en la implicación en el cyberbullying en Italia, en una muestra de más de cinco mil adolescentes; Antoniadou, Kokkinos y Markos (2016) las características de las personas implicadas en el cyberbullying y su relación con los roles en el bullying tradicional; Monks, Mahdavi y Rix (2016) proporcionan información relevante relativa a aportación de familias y docentes ante el fenómeno del cyberbullying.

Hasta la fecha, la mayoría de los trabajos sobre el cyberbullying se han llevado a cabo mediante estudios descriptivos y autoinformes. Estos diseños e instrumentos son muy útiles cuando se pretende recoger un gran número de datos y describir el fenómeno en diversas poblaciones, pero también tienen sus inconvenientes puesto que la información que proporcionan se basa en la percepción de la persona encuestada. En este sentido, Caravita, Colombo, Stefanelli y Zigliani (2016) describen los resultados de dos estudios experimentales en los que se han medido las respuestas emocionales, psicofisiológicas y conductuales ante la exposición a vídeos con situaciones de cyberbullying; sus resultados revelan la importancia de considerar las emociones negativas y el estrés que generan tanto el acoso como el ciberacoso.

Cabe resaltar que el cyberbullying no es la única forma de agresión que pueden sufrir las personas en el ciberespacio y que existen otros fenómenos violentos cuya descripción todavía debe hacerse en más profundidad. Entre éstos, el acoso sexual cibernético (cybergrooming); Wachs, Jiskrova, Vazsonyi, Wolf yJunger (2016) describen el fenómeno en una muestra internacional de más de dos mil adolescentes procedentes de Alemania, Países Bajos, Estados Unidos y Tailandia. Igualmente en un contexto internacional, se ha generado el instrumento de evaluación del bullying y del cyberbullying, que ofrecen Ortega-Ruiz, Del Rey y Casas (2016) validado para la población de adolescentes españoles.

Todos estos trabajos que suponen una importante actualización del estado de la investigación sobre el ciberaco, ponen de manifiesto la necesidad de seguir avanzando en la investigación sobre la ciberconducta para profundizar en el conocimiento de sus retos y poder prevenir e intervenir en sus riesgos.


Descargar documento IPSE de interés:

www.ipse-psicologia.com/doc/PAE.pdf

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="http://www.infocop.es/view_article.asp?id=6323





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