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Los economistas advierten: no hay progreso económico sin salud mental

11/11/2011     Fuente: www.infocoponline.es

Varios años de lucha y la elaboración de unos cuantos informes les ha supuesto a diferentes asociaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Federación Mundial de la Salud Mental, hacer ver a los responsables de las políticas sanitarias que "no hay salud, sin salud mental". Ahora el acento se sitúa más allá. Son los analistas y expertos en economía mundial quienes lanzan la voz de alarma, concluyendo que tampoco hay progreso económico sin salud mental. Y es que la enfermedad mental ha llegado a las cuentas del Foro Económico Mundial, dejando ver que este problema, a menudo olvidado y desatendido en la mayor parte de los sistemas sanitarios, puede llegar a arrastrar consigo, -además del sufrimiento de millones de afectados-, nada menos, que 16 billones de dólares en las próximas dos décadas, lo que equivale al 1,3% del PIB mundial.


El informe, realizado por el Foro Económico Mundial (World Economic Forum; WEF) junto con la Facultad de Salud Pública de Harvard, ha analizado, por primera vez en la historia, el impacto económico de las cinco enfermedades crónicas más frecuentes: el cáncer, la diabetes, los trastornos cardiovasculares, las enfermedades respiratorias y los trastornos mentales, y ha estimado su carga económica para los próximos 20 años. Consideradas globalmente, estas enfermedades crónicas supondrán un coste acumulado mundial de 47 billones de dólares durante el periodo comprendido entre el año 2011 y el 2030, siendo los trastornos mentales los responsables de más del tercio de este gasto económico.


Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había advertido que los trastornos mentales suponen la principal causa de discapacidad, situando a la depresión como el trastorno más incapacitante, por encima de cualquier dolencia física, este informe del Foro Económico Mundial llega determinar además el coste económico asociado a los trastornos mentales, estableciéndolo en 2,5 billones de dólares en el año 2010, y estimando un aumento progresivo de este gasto hasta el año 2030, donde los trastornos mentales supondrán un gasto para la economía mundial de 6 billones de dólares.


De esta manera, los problemas de salud mental ocupan el primer puesto de la carga económica derivada de las enfermedades crónicas más frecuentes, superando con creces el gasto asociado a las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer o la diabetes (ver Tabla 1). Si se tiene en cuenta además, que las personas con trastorno mental presentan una probabilidad mayor para desarrollar a su vez este otro tipo de patologías crónicas, el coste verdadero de los trastornos mentales puede ser incluso superior. A este respecto, los autores del informe señalan que a pesar del peso que tiene la enfermedad mental, paradójicamente "es frecuentemente olvidada de las listas de enfermedades crónicas".


El análisis realizado por este grupo de expertos en economía también ha mostrado que un gran porcentaje del gasto económico derivado de estas dolencias crónicas (en concreto, más del 40%) viene determinado, no por sus costes para el sistema sanitario, sino por sus costes indirectos asociados a condiciones como la pérdida de empleo, al gasto que suponen para los cuidadores principales y a la discapacidad crónica que generan y que a menudo da comienzo de manera temprana en la adolescencia.


De acuerdo a este informe, y si los líderes políticos no ponen en marcha acciones eficaces para combatir la incidencia de estas patologías, el número de fallecimientos al año asociados a estas dolencias pasará de los 36 millones actuales (lo que equivale a más del 60% de todas las causas posibles de muerte) a los 52 millones a partir del año 2030.


Además, el informe del Foro Económico Mundial señala que la incidencia del cáncer, la diabetes, los trastornos cardiovasculares, las enfermedades respiratorias y los trastornos mentales no sólo es un problema asociado a los países desarrollados. Los países de ingresos bajos y medios también se encuentran desproporcionadamente afectados por estas patologías. En 2010, el 80% de las muertes por enfermedades crónicas se produjeron en estos países, y la mayor parte de estas muertes afectaron a la población en edad de trabajar.


Tal y como ha advertido el profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, en la nota de prensa enviada a los medios, "la necesidad de actuar de manera inmediata es crítica para el futuro de la economía mundial".


"Hasta ahora éramos incapaces de imaginar lo que la OMS definía como "los mayores asesinos mundiales". Este estudio muestra que tanto las familias, como los países y las economías están perdiendo sus años de mayor productividad", ha indicado Olivier Raynaud, director del departamento de Salud del Foro Económico Mundial. "Las cifras señalan que las enfermedades crónicas tienen el potencial no sólo de quebrar a los sistemas sanitarios, sino también poner el freno a la economía global", ha añadido.


El factor decisivo que hace que estos datos sean realmente dignos de tener en cuenta es el hecho constatado de que la incidencia de las enfermedades crónicas se puede reducir. En el caso del cáncer, las enfermedades cardiovasculares, los trastornos respiratorios y la diabetes, la OMS proporcionó recientemente una serie de recomendaciones para su prevención, basadas en la promoción de hábitos de vida saludables, como la reducción del consumo de alcohol y tabaco, el ejercicio físico regular y una dieta equilibrada (ver informe Global status report on noncommunicable diseases aquí). En el caso de los trastornos mentales, precisamente este mismo año, la prestigiosa revista Nature publicó un informe donde investigadores y expertos de más de 60 países establecían seis áreas prioritarias de acción para paliar el avance de los trastornos mentales. El estudio, titulado Grand Challenges in Global Mental Health (Grandes Retos de la Salud Mental en el Mundo), pone de manifiesto la necesidad de invertir esfuerzos en la identificación de los factores de riesgo y de protección para el desarrollo de la enfermedad mental, mejorar las estrategias de prevención y de intervención temprana en este campo, aumentar la concienciación social, reforzar los recursos humanos destinados a la atención de estas patologías, implementar servicios basados en la evidencia científica, y rediseñar de manera urgente los sistemas sanitarios para incorporar los trastornos mentales al resto de enfermedades crónicas e integrar definitivamente la enfermedad física y mental, tanto en la investigación, como en la formación, intervención y prevención de la salud.

Aunque el Foro Económico Mundial tiene la misión de asesorar a los gobiernos, empresas y organizaciones y no está dirigido a la comunidad sanitaria ni a los pacientes, el mensaje de este informe resulta de interés general: el progreso y desarrollo económico de los países dependerá directamente de su capacidad para controlar el asombroso crecimiento que están experimentando las enfermedades crónicas. Más aún, el mensaje inequívoco de este riguroso estudio es que los trastornos mentales son el principal agente impulsor de este elevado gasto.


"Las enfermedades crónicas suponen un desafío que trasciende a los sistemas sanitarios. Los responsables políticos deben entender que estas patologías suponen una amenaza significativa no sólo para los individuos, sino también para el bienestar y el progreso económico de los países", ha señalado el autor principal del estudio, David Bloom. "Estos gastos son insostenibles y obviamente requieren soluciones innovadoras y una aproximación que involucre a todos los sectores de la sociedad", ha añadido.


Finalmente, el texto presentado por el WEF concluye con una clara advertencia: "Los responsables de la política económica están evidentemente preocupados por el crecimiento económico. La evidencia económica presentada en este informe indica que sería ilógico e irresponsable atender al crecimiento económico y al mismo tiempo ignorar las enfermedades crónicas. Las intervenciones en este campo tienen un coste económico indudable. Pero la falta de respuesta supondrá un coste más elevado todavía".


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